Buena crítica. Mis poemas son muy largos.
Acortando:
Los terrores de mi infancia:
A veces los domingos,
la cana, los milicos, los terrores de mi infancia
son un lienzo que pinto con palabras:
verde oliva, rojo intenso, sangre, espesando en la poesía
escribo creyendo que así puedo
juntar cada trazo suelto de mi vida
y de aquel país que ya no es mío.
Sobre todo los domingos,
cuando ya no sé quién soy ni a dónde pertenezco en este exilio
las letras que me pueblan me cuestionan
a qué orillas literarias y barrosas trato de escapar.
A fin de cuentas los domingos,
casi siempre por la tarde no sé quién soy pero sí de dónde vengo
y escucho a los olimareños en la radio
como si estuviera en casa en el Buceo
creyendo que así voy a poder en algún sitio
volver a unir cada segmento, y fingir que soy
algo completo.
Tejer un desexilio:
Nos exiliamos del silencio, y en silencio conquistamos una voz
detrás de cada rima nos nombramos a nosotros mismos
como quien nombra a Mario a Daniel a Zitarrosa
ahí nos encontramos, nos plagiamos
borramos apellidos, como si fuéramos, qué ilusos, algo simple
aunque somos hondos, tormentosos, como el caudal de nuestro río
detrás de cada rima de Mario de Daniel de Zitarrosa
allí nos acunamos y soñando entredormidos
volvemos, los hijos del Exilio.
Aunque hayamos perdido nuestro nombre y nuestro escudo
la memoria no nos es esquiva
sí, sabemos sostener la historia
inacabada en la que ellos, los viejos
soñando que volvían volvieron
(porque con nosotros volvieron)
Nos exiliamos del silencio, y así en un murmullo
detrás de cada rima de Mario de Daniel de Zitarrosa
estamos, ya ves, qué rebeldes, todavía,
tejiendo el desexilio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario