El yoga puede realizarse con fines educativos dentro de las aulas de Infantil y Primaria.
Una clase de yoga dentro del contexto institucional afecta positivamente tanto al alumno como al maestro y al proceso de enseñanza-aprendizaje.
El niño mejora su capacidad de concentración en el aula y el docente puede por su lado mantener un clima de respeto y tranquilidad, y los beneficios alcanzan al núcleo familiar, siendo el niño el portador de este cambio.
Partiendo del trabajo interior, cada individuo profundiza en el auto-conocimiento y evoluciona; luego, en la relación interpersonal, expande esa energía positiva y transformadora y de este modo la evolución individual se convierte en evolución social.
Para que el alumno pueda aprender naturalmente, es necesario que lo haga en un entorno saludable, donde se sienta contenido, apreciado y respetado.
El Yoga instala un ambiente de tranquilidad y buenas relaciones que permiten este entorno optimo para el desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje.
La relación del docente con sus alumnos es mejor y él mismo se encuentra en mejores condiciones de salud física, mental y emocional. De este modo, ejerce su tarea aprovechando toda su creatividad y su capacidad.
Existiendo buena disciplina en el aula, el docente puede dedicar mayor cantidad de tiempo a la enseñanza de los contenidos que a la excesiva puesta de límites.
Tanto el alumno como el docente aumentan su concentración, esto permite que cada contenido pueda ser transmitido y captado con mayor fluidez y naturalidad. Asimismo, cuando sea necesario, se puede utilizar la relajación como herramienta para restaurar la energía y volver al proceso de enseñanza y aprendizaje con la mente fresca y la concentración alerta nuevamente.
Ciertas posturas, los ejercicios de respiración y los de concentración, equilibran el funcionamiento de los hemisferios cerebrales, esto permite que los alumnos puedan comprender los nuevos contenidos y retenerlos en su memoria con facilidad.

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