Estoy completamente absorbida desde hace unos días con la relectura de mi ejemplar del Light on Yoga, de Iyengar, aunque todavía no aparqué del todo mi relectura también del pequeño tomo del Avadhut Gitâ.Pensar que tuve durante años acceso a una tremendísima y tan potente herramienta como el Yoga, y sin embargo necesité llegar hasta acá, once años desde mi primera práctica en Happy Yoga Barcelona para entender tantas cosas.
En concreto mi Light, que me traje de Rishikesh, me parecía completamente incomprensible, vago, sin substancia; de hecho creo que apenas lo viché, y ahi se quedó, apalancado en mi biblioteca, esperando a ser redescubierto.
Y ahora, uf! Todo es tan claro!
Lo que me acompañó en todo momento durante este viaje, fue una natural tendencia a buscar adentro mío el origen de los hechos externos; se trata de la epimeleia heautou de la que se hablaba en la Grecia Antigua, esa "inquietud de sí" que para los antiguos era de por sí el fin de toda Educación.
Este concepto fue retomado por M. Foucault para su "Hermenéutica del sujeto" (1982) en un análisis profundo donde, muy típico suyo, las palabras claves son "política" y "filosofía", pero que aquí viene muy al caso en relación a lo que son nuestras palabras clave: yoga y educación.
Hay que decir que hemos desvirtuado, a mi entender, los fines de la educación, esto se da por sobreentendido.
¡Si es que en las Culturas Iniciáticas todo estaba muy claro, y nos han dejado manuales, códigos, escrituras...sin embargo parece ser que no paramos de tergiversar y tergiversar...!
Bueno, debo decir también que desde que he retomado la lectura de textos estoy empezando a pensar que:
a) no hace falta explicar/se nada más; en los textos originarios está todo, clarito como el agua, sin ningún cabo suelto, para reaprender a vivir desde el Ser
b) la práctica debe ser individual, incluso en lo que refiere a Asanas
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