sábado, 6 de septiembre de 2014

ESCUELA JUNGUIANA

Cuando hice mi última entrada en el blog, hace unos cuantos meses, tuve la certeza de que no seguiría escribiendo, por dos razones:

1) había retomado mis lecturas en diversos campos, sobre todo en temas relacionados con el yoga, la filosofía advaita, el taoísmo y el psicoanálisis moderno. Cada día tenía una comprensión más clara de que todo está escrito, y de que el funcionamiento del universo, de dios con cualquiera de sus nombres, y del hombre, estaba perfectamente estudiado y plasmado en documentos accesibles para quienquiera que deseara comprender. 

2) la sincronicidad se estaba empezando a manifestar en mi día a día de manera tan vertiginosa que sencillamente no tenía tiempo para escribir. Necesitaba estar con toda mi atención en la vida, escuchando, observando y participando sin distracciones en la aventura de vivir cotidiana, porque el flujo de acontecimientos acausales era tan evidentemente causal, que esto requería de mí el estar con todos los sentidos alertas. Escribir para contar, o explicar, pasó a ser una pérdida de tiempo.

Para qué dejar en la Nube mis experiencias? Si lo que hacía falta de mí era más que nada ESTAR? 
Además, como bien apuntaba Jung en uno de sus escritos (ya buscaré la referencia), la sincronicidad no puede jamás ser objetiva; es totalmente subjetiva, aunque completamente real y significativa para quien la experimenta.

Qué sentido tenía entonces la intención de dejar registradas estas experiencias subjetivas mías? No podían ser de utilidad para nadie más,  nisiquiera para la yo que seré en un futuro.

Hoy quiero detenerme aqui. En el hecho de haber estado y estar releyendo a Carl Gustav Jung. 

Pues sí, he estado releyendo lo poco que tengo de Jung en casa, es decir su análisis del Mysthère de la fleur d´or,  su Conflictos del alma infantil, y la super bien lograda biografía Psiquiatra pionero, artesano del alma, de Claire Dunne.

En estos meses, a medida que han ido surgiendo reflexiones y comprensiones nuevas, siempre he, a posteriori de mi reflexión, encontrado analogías a mis pensamientos sobre todo en dos fuentes: en las filosofías orientales, y en Jung.

Con este ultimo, las similitudes son enormes, y ha sido enormemente edificante leer sus escritos, sintiéndome en una especie de comunión extra temporal y espacial con sus ideas.

Tengo cada vez más claro que una teoría y aplicación didáctica junguiana para la primera infancia sería aquella con la cual me sentiría más afin.

Cierto es que Jung no creó ni desarrolló teorías educativas para la primera infancia. Bueno, tengo que explorar más, igual sí que se metió en el tema.

Hace unos pocos días mi amiga Meritxell, madre, y educadora Montessori, me confesó que la educación Montessori, a su parecer, era de un enorme valor a nivel práctico intelectual, para el desarrollo congnitiivo de los niños, pero que a nivel emocional y espiritual sentía que había lagunas insalvables.

Pensé: ese vacío lo podemos completar desde Jung.

Ahi lo dejo apuntado. +

Por lo pronto sospecho que volveré a estar un tiempo sin volver a escribir por este canal. 
Estoy en el tramo más oscuro de mi viaje interior, que es lo mismo que decir: el tramo más rico. Nunca había tenido tanto miedo, pero es que nunca había llegado tan hondo dentro de mí misma. Ahora parece estar llegando el momento de tener que tomar la gran decisión de romper unos cuantos ciclos de patrones repetitivos y de empezar a destronar a "la otra que habita en mí". 
Pero lo dicho, no es este el sitio para contar y sumar palabras.


...VOCATUS ATQUE NON VOCATUS, DEUS ADERIT.

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